Nieve en San Isidro

abril 2014 002

Hasta San Isidro nos fuimos con unos buenos amigos y su familia el fin de semana pasado, a esquiar o en mi caso a intentarlo.

Allí nos encontramos los mismos apartamentos, los profes, la montaña, la nieve y un equipo para esquiar nuevo y ultramoderno, gracias a las importantes gestiones de la organizadora, Rosa.

Cada año que decidimos ir a la nieve supone un reto para mi, he notado que a medida que pasa el tiempo, que voy mas,  suceden distintas cosas, que mis sensaciones pasan por distintas etapas, me explico: el primer año fue el de la atrevida inconsciente inexperta y eso me llenó de valor y no conocí miedo, la segunda vez que fuimos (ya habían pasado dos años)  no recordaba las clases del primero, los niños ya me dejaban atrás, y mi inexperiencia me hizo probar el hielo frío y duro, ¡¡¡qué dolor!!! Así que  ese año a mi aprendizaje sume  “el miedo”. Este año no tenía excusa, teníamos los días, las ganas, todo preparado y planeado, los niños muy animados, hasta Bimba (la perrita) no cesaba de mover la cola entusiasmada.

Yo no las tenía todas conmigo,  quizás el recuerdo de casi dos meses de dolor en mi “ponpis” me mantenía alerta. Me animaba pensar que esta vez sería distinta, hice hasta ejercicios de visualización, me veía subiendo y bajando de la telesilla sin dificultad, siguiendo al profesor, abriendo cuña como me indicaba, pegando las tibias a las botas de sky y cuando llegó el feliz momento de demostrar,  hubo un poco de todo, miedo,  cansancio, susto por el viento que levantaba la nieva y finalmente disfruté mucho bajando sobre todo la última parte del  “valle de los caídos”.

Gracias por la paciencia y vuestros ánimos familia, amigos y profes, hasta el próximo año San Isidro.

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